DIRECCION ARTÍSTICA:
ANA MARIA IRIARTE
DIRECCION MUSICAL:
IÑIGO PÍRFANO
DIRECCIÓN DE ESCENA Y
ADAPTACIÓN DE TEXTO:

IGNACIO GARCIA
PROYECCIÓN:
SARA MEGGIORIN

CON:
ALICIA BERRI (Princesa)
BELÉN LÓPEZ (Pepita)
ANDEKA GORROCHATEGUI (Abate)
JOSÉ GARCÍA QUIJADA (Goya)
AXIER SÁNCHEZ (Capitán)

ORQUESTA ACADÉMICA DE MADRID

CORO UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

 
   
 

La Fundación Ana María Iriarte ha producido y patrocinado, con la colaboración del Ayuntamiento de Gijón, la Zarzuela "Pan y Toros" de Barbieri, que se presentó en el Teatro Häggen-Dazs Calderón de Madrid del 15 al 19 de Junio de 2011 tras el éxito obtenido en su estreno del 6 de febrero en el Treatro Jovellanos de Gijón.

Narrada por Don Gaspar Melchor de Jovellanos para conmemorar el 200 aniversario de su muerte.

Esta estupenda zarzuela compuesta por Francisco Asenjo Barbieri, sobre libreto castellano de José Picón, se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 22 de diciembre de 1864 con gran éxito. Desde entonces, supone uno de los hitos de nuestra historia musical del siglo XIX y uno de los emblemas del estilo nacional en su historia inicial como tal.

Pan y Toros es una espléndida reflexión sobre un período de la historia de España de gran convulsión política pero de inmensa riqueza ideológica, en la que don Gaspar Melchor de Jovellanos destaca como un faro intelectual y ético de gran peso.

En nuestra propuesta para esta zarzuela semiescenificada, la idea dramatúrgica consiste en combinar la música de Barbieri con un punto de vista histórico, tomado de los Diarios de Jovellanos, que interpretado por un actor vestido como el cuadro de Goya del autor, a modo de flashback, narrará un recuerdo nebuloso de un pasado vivido, como si el propio Jovellanos, protagonista de aquel periodo de la historia, contará aspectos de su vida personal unidos a su experiencia cívica, tomada de su compromiso como intelectual y como político.

Don Gaspar Melchor de Jovellanos

Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón (Asturias) el 5 de enero de 1744. Hijo de padres hidalgos, estudió en Oviedo y después en Ávila, graduándose de bachiller en Cánones por la Universidad de Osma (Soria) en 1761.

En 1763 se licenció en Cánones por la Universidad de Ávila y, en 1764, ingresó en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares. En este Colegio permaneció durante un año y se graduó de bachiller en Cánones por la Universidad de Alcalá. Terminados sus estudios, en 1768 fue nombrado alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Sevilla, siendo ascendido, en 1774, a la plaza de oidor.

En 1778 el rey le nombra alcalde de Casa y Corte, y Jovellanos se traslada a Madrid. En la corte se le abren todas las puertas. Ingresa sucesivamente en la Real Sociedad Económica Matritense, en la Academia de la Historia, en la Real Academia Española, en la de Cánones y en la de Bellas Artes de San Fernando. En 1780 es nombrado Consejero de las Órdenes Militares. Forma parte de juntas económicas, preside reuniones de sociedades anónimas en nombre del rey y le encargan discursos y elogios para distintas instituciones. Destacan, entre estos, el Elogio del marqués de los Llanos de Alguazas (1780), el de Carlos III (1788), el de Ventura Rodríguez y el de las Bellas Artes (1781), el Informe en el expediente de Ley Agraria, que terminó en 1794, y la Memoria sobre la policía de los espectáculos y diversiones públicas, que termina en 1790 y corrige cinco años después.

En 1782 pronuncia en la Sociedad Económica de Asturias un breve discurso acerca de la reforma industrial del Principado, y pocos días después es elegido director de ella. Trabaja, mientras tanto, en cosas diversas: la reforma de los estudios universitarios, la explotación de las minas de carbón asturianas, la mejora de las comunicaciones por carretera de Asturias con la meseta etc. Son los años de mayor actividad de Jovellanos. También escribe versos, analiza y describe distintos monumentos españoles o atiende a los negocios del Banco de San Carlos, de cuya junta formaba parte. Pero en 1790, encarcelado su amigo Francisco de Cabarrús, director del Banco de San Carlos, Jovellanos no duda en hacer todo lo posible por ayudarle, y, como consecuencia de ello, es obligado, en lo que se ha venido a juzgar como un destierro disimulado, a viajar a Asturias con la misión de inspeccionar las minas de carbón del Principado. Este destierro duró hasta 1797. Empiezan entonces para Jovellanos los años que todos sus biógrafos han considerado como los más felices de su vida, en los que se dedicó sobre todo a viajar por Asturias y el norte de la Península, y a poner en funcionamiento su obra más querida, el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, inaugurado en Gijón el 7 de enero de 1794.

A finales de 1795, publicado ya el Informe en el expediente de Ley Agraria, la Inquisición pretendió prohibir la obra, pero no lo consiguió, porque el prestigio de Jovellanos había crecido mucho. Así, en 1797, después de un primer nombramiento como embajador en Rusia, Godoy eleva finalmente a Jovellanos al ministerio de Gracia y Justicia. Había sido llamado al cargo para reformar los estudios universitarios, para dar cauce legal a las medidas propugnadas en el Informe y para amortiguar la fuerza del partido reaccionario, que encabezaba la Inquisición. Pero el 16 de agosto de 1798 y después de sufrir un intento de envenenamiento, Jovellanos es cesado.

Su salud, debido a los efectos del veneno, se vio seriamente deteriorada y después de descansar en Trillo (Guadalajara), regresa a Madrid para recoger sus cosas, trasladándose después a Gijón. Volvió a dedicarse al Instituto pero los problemas económicos y también el desprestigio de su persona, crecían cada vez más. Después de aparecer una «Delación anónima», Jovellanos es detenido en su casa y hecho reo de Estado, en la madrugada del 13 de marzo de 1801. Conducido hasta la isla de Mallorca, permaneció en ella encarcelado, primero en la cartuja de Valldemossa durante un año y después en el castillo de Bellver (Palma de Mallorca), hasta 1808, sin conseguir ser juzgado, a pesar de las múltiples peticiones que se hicieron al rey. Son estos los años en que Jovellanos demostró su entereza. Lejos de abandonar su actividad, se dedicó, en cuanto obtuvo el oportuno permiso, a leer y escribir: en Valldemossa empezó el Tratado teórico-práctico de enseñanza. Se especializó en la historia de Mallorca y escribió las Memorias histórico-artísticas de arquitectura, que contienen una evocadora y prerromántica Descripción del castillo de Bellver. Siguió escribiendo poesía y muchas cartas, que conseguía enviar burlando a sus vigilantes y censores.

Cuando el motín de Aranjuez coloca en el trono a Fernando VII, Jovellanos queda en libertad. Estamos en marzo de 1808 y España está en vísperas de la guerra de la Independencia. El grupo de los ilustrados se divide entre los que creen que Napoleón y José I van a resolver los problemas de España, y aquellos que consideran que los españoles se bastan a sí mismos para llevar a cabo esta tarea. Los primeros, llamados afrancesados intentaron, sin conseguirlo, convencer a Jovellanos para que colaborara con el gobierno de José I y llegaron incluso a proponerle nuevamente para ministro. Jovellanos se negó una y otra vez. Sin embargo, en el mes de setiembre aceptó el nombramiento para representar a Asturias en la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino, compuesta por los diputados nombrados por cada una de las Juntas provinciales, creadas para luchar contra Napoleón, y constituida el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez.

Al instaurarse la Regencia el 31 de enero de 1811, Jovellanos pide permiso para retirarse a Asturias. Una tormenta le obliga a refugiarse en Galicia, en Muros, donde pasa varios meses. Los ataques de que es objeto la Junta Central y el trato incorrecto e injusto que sufre Jovellanos por parte de la Junta de Galicia, le mueven a escribir la Memoria en defensa de la Junta Central (1811). Libre Gijón de los franceses, sale para Asturias y entra de nuevo en su ciudad natal el 7 de agosto de 1811. Pero, invadida la ciudad de nuevo por las tropas francesas, debe abandonarla precipitadamente por mar en el mes de noviembre. Después de una furiosa tempestad, el bergantín en el que viajaba arribó al pueblo asturiano de Puerto de Vega, donde Jovellanos, muy enfermo, falleció el 28 de noviembre de 1811, a los 67 años de edad.

Libreto de Pan y Toros


El título alude a la expresión castellana heredera de la latina de Juvenal Panem te Circenses (pan y circo), que describe la fiesta de los bueyes como una diversión que nutre las bajas pasiones del pueblo y amortigua los conflictos sociales.

El libreto presenta un argumento de intrigas cortesanas con una buena dosis de crítica política, no común a la época. Están presentes un buen puñado personajes históricos, como por ejemplo Goya, Jovellanos, Pepita Tudó (amante de Godoy) o los toreros Pepe Hillo, Pedro Romero y Costillares.

Se trata de la primera obra teatral de éxito que insertó la figura de Goya, considerándose por lo tanto precursora de los temas goyescos que tanto de éxito y cultivo tendrían a lo largo del siglo XIX.

La intriga política que da lugar a la historia sitúa por un lado la inicua aristocracia corrupta, los afrancesados y la «camarilla», encabezados por el corregidor Quiñones y Pepita Tudó, y por otra el pueblo, los ilustrados y el aristocracia culta; con Goya, la princesa de Luzán y el capitán Peñaranda, y como líder y salvador de la patria, Jovellanos. Debido a su contenido político Pan y Toros sufrió problemas con la censura bajo el reinado de Isabel II.


La Música de Pan y Toros

El italianismo musical de Barbieri confiere una gran presencia de la música de raíz popular, tendencia que el compositor afianzaría una década más tarde con la que es considerada su obra maestra: El barberillo de Lavapiés.
Es curioso el uso de la melodía de La Marsellesa en modo menor en la introducción del primer acto, así como lo canto parlato empleado para dotar de realismo la aparición del ciego narrando un típico romance popular.

Hay numerosos ejemplos de ritmos de danza para ilustrar los ambientes populares (con el bolero, la jota y la seguidilla) y los nobles (gavota y contradanza). Para evocar efectos de distancia se sirve de una pequeña orquesta interior en las escenas de danza aristocrática y de una orquesta de plectro para acompañar la que quizás sea la pieza más popular de la zarzuela: el pasodoble Al sueño de las guitarras y seguidillas.

 

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